Domesticar la memoria: negar, asumir o soportar el pasado

Existe diferencia entre memoria individual o colectiva y memoria histórica ya que esta última suele ser la elaborada conforme a un método por los historiadores para y tarde o temprano constituirse en “memoria oficial” o institucionalizada que se manifiesta, por ejemplo, en las conmemoraciones y las efemérides. Los diversos tipos de memoria servirán a los individuos y los grupos entre otras cosas para la construcción de sus imaginarios y representaciones de la realidad, lo mismo que para organizar los horizontes que marcan la idea de futuro de una colectividad. En lo que respecta a la memoria histórica es indudable que algunas de sus mayores contribuciones tienen que ver con la construcción de una identidad personal o colectiva, sustentar un orden establecido o contribuir a modificarlo gracias a un conocimiento del pasado surgido de un riguroso manejo de los testimonios y de un análisis, también sólido, que facilite niveles razonables de explicación. La utilización que hacemos del conocimiento del pasado determina nuestra posición en el presente pero también en el futuro; vale decir que recordamos y contamos historias no solo para el presente sino con perspectiva de futuro.

Recordar, hacer memoria de manera simple o producir conocimiento del pasado (historiar) adquiere siempre connotaciones de orden moral y tiene repercusión social y política lo que remite a un asunto central en la hora actual y de importancia capital en adelante: cómo entender o que alcance dar al conocimiento que la Comisión de la Verdad y Reconciliación nos procuró acerca de nuestro pasado reciente y también de qué forma deberíamos comprender su segundo objetivo, la “reconciliación”. La búsqueda de la verdad es siempre un asunto complejo que exige considerar asuntos como qué cosa es la verdad y la objetividad, de qué manera se conforma la memoria individual y colectiva, cómo deben manejarse los testimonios, entre otras.  Estos asuntos siguen produciendo debates entre los peruanos, estableciendo falsas dicotomías, etiquetando conductas y pensamientos, etc.

Pero lo cierto es que, para el caso en cuestión, se trata de definir si los peruanos, a pesar de las evidencias y el conocimiento sobre los hechos producidos, vamos a intentar negar o evadir dicha verdad. Ello resultaría francamente irracional y carente de toda lógica por ser antihistórica. En su defecto, ¿trataremos simplemente de soportar el pasado?, esa postura sería igualmente torpe y negativa puesto que un  manejo tal del pasado constituiría permanentemente una carga insoportable que en nada contribuirá a la constitución de nuestra identidad individual y colectiva manteniendo prejuicios, injusticias, marginaciones de todo tipo, conservando y acrecentando errores. Asumir en cambio dicho pasado, por más difícil y doloroso que nos resulte, permitirá ir configurando una memoria histórica cabal sobre lo sucedido en el país en las últimas décadas que nos permita diseñar con prontitud y acierto el manejo de las consecuencias que sucesos tan terribles y complejos han ocasionado a todos; estaremos en capacidad de entregar a las siguientes generaciones una historia que no se convierta para ellas en una carga a soportar sino una experiencia histórica para ser empleada de manera fructífera.

Ello remite naturalmente al asunto de la reconciliación que ha sido el otro encargo importante que se dio a la mencionada Comisión y que por cierto en su momento y hasta ahora, da lugar a ácidas y confusas opiniones. ¿Cómo podría entenderse para este caso el concepto de reconciliación?. Creo que supone hacer inteligibles las contradicciones que puedan existir entre las distintas memorias que hasta ahora han configurado, diferentes personas, grupos o instituciones. Significa, sobre todo, hacer verosímiles hechos que por su brutalidad irracional puedan resultar increíbles y que por esa causa podrían prontamente ser dejados de lado en la memoria de quienes no los vivieron en carne propia, o que puedan ser negados, tal vez considerados justificables o tenidos simplemente como fortuitos, llegando incluso a confundir y crear injustificados sentimientos de culpa entre quienes los padecieron. Reconciliación supone que las víctimas (que son de distinto tipo) vuelvan a recuperar sus nombres o sus circunstancias, porque escuchamos y comprendimos sus testimonios o los de sus deudos, porque conocimos sus padecimientos y dolor o su duelo pudo ser expresado y compartido. Significa que como sociedad les dimos inclusive a los victimarios la posibilidad de reconciliarse con la verdad, si son capaces de hacerlo,  conociendo de manera cabal el daño que ocasionaron no solo a quienes hicieron mal directamente sino a sí mismos y al país en su conjunto.

Memoria, ejemplar es aquella que permite la relación de los hechos y una analogía universal sin que por ello se pierda la identidad de los acontecimientos, debido a que la memoria colectiva está constituida por los recuerdos que una comunidad tiene de su propia historia lo mismo que por las lecciones y aprendizajes (modificados frecuentemente por las necesidades del presente) que de manera más o menos conscientemente, extrae de la misma. Al recuerdo de los acontecimientos se suman los valores y sentimientos asociados a su evocación. Memoria individual y colectiva coexisten, se influyen mutuamente debido a que acerca de un mismo hecho algunos sujetos poseerán una memoria directa o autobiográfica  mientras que el resto tendrá una memoria heredada o transmitida del mismo. Corresponde a ambos no negarse a tener dichos recuerdos, no intentar ocultar el conocimiento de su pasado y, por el contrario, asumirlo pues, de lo contrario, la experiencia histórica se trivializará, es decir que el pasado resultará improductivo o inútil. La historia y la memoria se preocupan precisamente por “reconocer” el pasado a fin de poder “aceptarlo o rechazarlo” con todo conocimiento de causa, es decir asumiendo que tales hechos se produjeron y rechazando (no su conocimiento) sino la imposibilidad de impedir que los errores se repitan sin que lo sepamos. Utilizamos de forma fructífera el pasado cuando asumimos que heredar también significa transformar y que la memoria histórica puede operar como un principio para la acción además de tener una función liberadora. Ello significará, en el caso de experiencias traumáticas, que se podrá neutralizar el dolor causado por el recuerdo y además la memoria se abrirá a la analogía y a la generalización lo que permitirá extraer ejemplos y lecciones, luchar contra los actos injustos del presente por ejemplo y, por consiguiente, desprenderse del yo para ir hacia el otro. En términos colectivos puede afirmarse que existe una responsabilidad social que obliga a los pueblos a recordar y a hacer historia y, en consecuencia, nada debe impedir la recuperación de la memoria. En tal sentido Todorov indicaba, por ejemplo, lo siguiente en torno a la historia de la Shoa: “Cuando los acontecimientos vividos por el individuo o por el grupo son de naturaleza excepcional o trágica, tal derecho se convierte en un deber; el de acordarse, el de testimoniar […] el memorial recupera, con una sencillez consternadora, los nombres propios, las fechas de nacimiento y las de partida a los campos de exterminio [se refiere obviamente al genocidio perpetrado contra los judíos]. Así restablece a los desaparecidos en su dignidad humana. La vida ha sucumbido ante la muerte, pero la memoria sale victoriosa en su combate contra la nada”.

Ese fue, en nuestra opinión, el meollo del encargo que los peruanos, por intermedio del gobierno le señalamos a la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Más allá de ella y de sus tareas puntuales todos hemos adquirido responsabilidad: en lo que concierna al sentido liberador y transformador que le demos a esos hechos ocurridos en nuestra patria porque justamente nos conmueven, avergüenzan y nos producen desazón, cuestionan nuestro sentido de justicia y equidad porque afectaron nuestra dignidad.

La construcción de un Museo de la Memoria, nombrado recientemente Lugar de la Memoria, cuya primera piedra se ha puesto hoy jueves 4 de noviembre de 2010 nos llevan a agregar a nuestra reflexión una idea más: “domesticar” nuestros recuerdos (siempre plagados de sentimientos, símbolos e ideologías) deberá significat que, por ejemplo, el futuro museo monte sus muestras sobre el criterio de “una verdad dialógica o dialogada” de manera tal que todos los actores sientan que se reflejan sus experiencias, aun cuando ellas sean vistas por ellos como eventualmente confrontadas.

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Sobre los “Lugares de la memoria”

¿QUÉ SON LOS LUGARES DE LA MEMORIA?

Si además de considerar a la historiografía como una práctica cultural se toma en cuenta el vínculo que entablará a la postre con la opinión pública, resulta interesante tomar en cuenta la noción lugares de la memoria señalada por el historiador francés Pierre Nora.

Sobre la expresión “lugares de la memoria” (lieux de mémoire) hay que seguir  la explicación que nos proporciona su propio mentor cuando, en primer lugar, nos recuerda que este neologismo viene del latín, de la tradición de la retórica antigua, de Cicerón y de Quintiliano, quienes aconsejaban asociar, para fijar el orden del discurso, una idea a un lugar. Es decir, establecer un locus memoriae. Señala, asimismo, que en nuestra época, la expresión apareció a fines de los años setenta en Francia a partir de un sentimiento de pérdida de una historia –memoria es decir, de un contexto de la memoria en el que la Historia había sido la principal formadora de la conciencia nacional. Dicho sentimiento de pérdida surgió porque se hizo patente que un inmenso capital de memoria colectiva un stock de memoria histórica vivido al calor de la tradición caía en la nada para no revivir más que a través de una historia científica y reconstitutiva.

Un lugar de la memoria es un conjunto conformado por una realidad histórica y otra simbólica. Según Nora, cuando un personaje, un lugar o un hecho es constituido como lugar de la memoria  es que se está desentrañando su verdad simbólica más allá de su realidad histórica. Se trata de constituir un conjunto simbólico y advertir la lógica que las reúne. Por ejemplo, los Lugares de la memoria de la nación francesa se plasman a decir del propio Nora en: lo inmaterial, la herencia de larga duración; lo material que comprende el territorio con sus fronteras, el patrimonio y los hombres y, finalmente lo ideal, las ideas fuerza. Pero Pollak agrega que esos diferentes puntos de referencia son indicadores empíricos de memoria colectiva de un determinado grupo, una memoria estructurada con sus jerarquías y clasificaciones.

Nora ha aclarado que los llamados lugares de la memoria no se reducen a monumentos o acontecimientos memorables; a objetos puramente materiales, físicos, palpables y visibles que generalmente son utilizados por los poderes públicos. Especifica que “lugar de la memoria” es una noción abstracta, puramente simbólica, destinada a desentrañar la dimensión rememoradora de los objetos que pueden ser materiales pero sobre todo inmateriales. En consecuencia, un lugar de la memoria no comprende un inventario exhaustivo ni tiene alcance enciclopédico, tampoco es una simple referencia.

Puede leerse más sobre el tema en  Regalado de Hurtado, Liliana Clío y Mnemósine. Estudios sobre historia, memoria e historia del tiempo presente. Lima: Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú; Fondo Editorial Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2007

Véase entrevista a Nora en: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=788817

 

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¿Por qué Historia y Memoria?

Historia y memoria están indisolublemente unidas, tan es así, que dicho vínculo fue explicado en la Antigüedad clásica por el mito de Clío y Mnemósine: madre e hija y, a la vez, historia y memoria respectivamente.

El asunto de la memoria y el olvido en vinculación a la historia fue abordado por Nietzsche cuando en De la utilidad y de los inconvenientes de los estudios históricos para la vida, sostiene que el hombre necesita de la historia para vivir y obrar analizando la dinámica de la memoria y el olvido. Partió de la observación de que lo que diferencia al hombre del animal es que recuerda demasiado bien pues vive con la conciencia permanente del paso del tiempo. Vive angustiado consigo mismo porque ese pasado le trae la imagen de cosas hechas que no pueden ser modificadas. Por eso es bueno recordar un poco y también olvidar un poco. El hombre se ubica entre la contradicción de la memoria y el olvido pero lo importante es que tiene historia porque tiene memoria.

Vivimos una época marcada por la abundancia de información y la necesidad casi insaciable de comunicación. En ese contexto, se mira al pasado, entre otras cosas, para  procurar conocerlo y así intentar explicar las situaciones del presente y delinear el futuro pero, al mismo tiempo, se pretende conservar cada vez mejor la memoria de las experiencias vividas y conceder a esos recuerdos el crédito suficiente -incluso al punto de que sustituyan a los relatos históricos- bajo la premisa de que debería tener más peso, en relación al recuento del pasado, lo vivido o experimentado frente a lo conocido o aprehendido intelectualmente.  

Sin embargo, debe tomarse en consideración que en la sociedad actual, si bien se ha producido una creciente revalorización de la memoria individual e histórica y, en consecuencia, la reprobación del olvido, no es menos cierto que –como lo recuerda Todorov- la abundancia de información disponible conlleva el peligro de la vanalización de la memoria [1]

En consecuencia, dentro de un conjunto más grande de consideraciones, las mencionadas en los párrafos anteriores nos llevan a sostener que tanto los historiadores, como el resto de la población, tenemos la necesidad y la urgencia de reflexionar acerca de la manera cómo miramos al pasado, elaboramos relatos que pretenden dar cuenta de él y además, por qué y para qué.

LR

Lima, 4 noviembre de 2010

Recomiendo:

PNEUMATIKO. COM

Magnífico espacio de conocimiento y debate sobre asuntos teológicos.  Tiene una sección llamada Conciencia histórica bastante interesante. Su autor Juan Dejo S.J es historiador y esa impronta se percibe claramente.

http://www.facebook.com/l/5c3d6Zy1CABMQhgYRdcv1vZxCdA;www.pneumatiko.com

HISTORIA GLOBAL ONLINE

Del historiador José Ragas. Muy buen blog por la variedad de temas que ofrece y que es  actualizado permanentemente. Ofrece vínculos  a páginas sobre temas de historia y eventualmente, memoria.

http://www.facebook.com/pages/Historia-Global-Online/139347036085781#!/pages/Historia-Global-Online/139347036085781?v=wall

[1] Todorov, Tzvetan Los abusos de la memoria Paidos Asterisco. Barcelona: 2000. Traducción de Miguel Salazar pp. 14-15

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Saludos!

Este espacio busca que los integrantes de la “tribu de los historiadores” y quienes se interesen por las características, los avances y discusiones propias de la disciplina histórica, tengamos la posibilidad de intercambiar opiniones, noticias y conocimiento acerca de la historia y también ventilar cuestiones relacionadas con la memoria.
No en vano Clío y Mnemósine eran madre e hija según la leyenda griega por lo que no será difícil vislumbrar que la relación entre ambas es estrecha e ineludiblepero no por ello libre de tensiones y conflictos.
Espero que tengamos intercambios enriquecedores y que estén a la altura del interés y las expectativas de todos los que se acerquen a estas páginas.
Saludos,
Liliana Regalado de Hurtado
Lima, 3 de noviembre de 2010

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