Sobre historia y etnohistoria andina

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La tarea de la memoria aplicada al Perú

La tarea de la memoria aplicada al Perú

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Identidad y futuro de la PUCP

Nuestra Universidad su identidad y su futuro _2_Documento elaborado por un grupo de profesores de la PUCP

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Balbi: Oh, memoria

Ponemos a disposición en esta página el interesante artículo de la periodista Mariela Balbi en relación a la colocación de la primera piedra del Lugar de la Memoria en el distrito de Miraflores. Se refiere a asuntos importantes como la memoria y el olvido (la memoria y sus silencios), la evocación de hechos es decir, la memoria que está siempre cargada de subjetividad por ser evocativa de hechos vividos, las lecciones de la historia (recordar para no cometer los mismos errores), etc.

” […] es bueno recordar, nos permite reconstruir lo ocurrido y a la vez crear el antídoto para que otra vez no aparezca algo tan tenebroso en nuestro país.

El mirar atrás también es útil para mostrarles a las nuevas generaciones el horror que vivimos. Sacarán sus propias conclusiones de acuerdo con su óptica personal, se darán las explicaciones que les satisfagan, no vendrán de la arbitrariedad ni de la ideología belicosa, sino de los hechos, de los testimonios. Imposible realizar un lavado de cabeza como temen algunos.”

Sin embargo, a nuestro juicio esa primera piedra solo es un hito en el largo camino hacia la construcción de una memoria consensuada y, posteriormente, una “historia oficial” sobre la terrible y dramática historia que nos tocó vivir en las últimas décadas del siglo XX. Si bien la construcción del edificio será un paso importante mayor trascendencia y complejidad tendrá la elaboración del guión museográfico y la museografía misma para que puedan dar cuenta de una auténtica “verdad dialógica” o dialogada acerca de lo acontecido.

El título del artículo sugiere un comentario aparte: Oh, memoria remite a una exclamación que estaría dando cuenta de las discusiones en torno al mencionado sitio y la oposición airada de un sector de la población que lo identificaba como un lugar discriminatorio en contra de las fuerzas del orden con su cuota de víctimas y mártires  y más bien en favor de los subversivos. Asimismo, la exclamación remite a la satisfacción por la inminente concreción del proyecto defendido, a su vez por amplios sectores de la comunidad nacional. Finalmente supondría el título una paráfrasis del nombre de un programa de cable (Oh, diosas) que juega con el equivoco que la frase sugiere…

RINCÓN DEL AUTOR

Oh, memoria

Por: Mariella Balbi

El Comercio

Martes 9 de Noviembre del 2010

p. A4

Siempre hemos escuchado que recordar es volver a vivir, enfatizando con ello el valor que puede tener la memoria. Cuando reproducimos en nuestro interior situaciones, hechos pasados, la emoción está siempre presente, cosa que no ocurre al evocar una idea que se pensó tiempo atrás; ahí el sentimiento no aflora. En el recuerdo de lo vivido, sí.

El mundo de la memoria es ancho, muchas veces ajeno y otras distorsionador de lo ocurrido. A menudo se les reprocha también a los pueblos olvidar con tanta facilidad las metidas de pata de sus gobernantes que los vuelven a elegir. El recuerdo suele ser selectivo y se tiende a obviar lo desagradable o adverso. No fue lo que ocurrió el jueves pasado cuando se colocó la primera piedra del Lugar de la Memoria y se develó la maqueta respectiva, una iniciativa que surgió luego del trabajo minucioso que hizo la injustamente criticada Comisión de la Verdad.

Al inicio se lo llamó el Museo de la Memoria, la palabra lugar terminó siendo más correcta y precisa. Por fin, el Perú tendrá un espacio donde quien asista podrá conmoverse con lo ocurrido durante más de 20 años de conflicto interno.

La violencia terrorista nos puso a unos contra otros, su capacidad y deseo de destrucción fueron tales que minaron nuestros reflejos para reaccionar de manera tan estudiada y eficiente que permitiera minimizar el número de víctimas. La mayoría de ellas fueron pobladores de Ayacucho, Huancavelica y de otros departamentos serranos que se encontraban entre dos fuegos y desarmados además. La emotividad y la atmósfera que se respiró en la ceremonia de colocación de la primera piedra del Lugar de la Memoria formaron un gran sentimiento colectivo.

Había de todo un poco: familiares de las víctimas de Sendero y también de las fuerzas del orden, defensores de los derechos humanos, religiosos, extranjeros principalmente europeos, investigadores, periodistas, políticos y personalidades que impulsaron esta obra con tesón para que pronto tengamos un lugar donde podremos comprender qué pasó.

Por eso es bueno recordar, nos permite reconstruir lo ocurrido y a la vez crear el antídoto para que otra vez no aparezca algo tan tenebroso en nuestro país.

El mirar atrás también es útil para mostrarles a las nuevas generaciones el horror que vivimos. Sacarán sus propias conclusiones de acuerdo con su óptica personal, se darán las explicaciones que les satisfagan, no vendrán de la arbitrariedad ni de la ideología belicosa, sino de los hechos, de los testimonios. Imposible realizar un lavado de cabeza como temen algunos. Por eso, la emoción colectiva que se vivió ese día se podría resumir en: lo logramos, no habrá marcha atrás.

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Historiografía occidental. Un tránsito por los predios de Clío



En esta obra se hace una revisión del desarrollo de la historiografía occidental desde los orígenes de la disciplina histórica hasta nuestros días, enfatizando sus cambios y la formación de escuelas y tendencias historiográficas. Se trata de una revisión orientada a dar a conocer el desenvolvimiento de la historiografía occidental y también promover la reflexión y discusión acerca de las características de la disciplina histórica en sus diferentes escenarios a lo largo del tiempo. 

 Índice

 Introducción (En primera persona)

 Capítulo I

Los estudios historiográficos

1.1. ¿Qué es la historiografía?

1.1.1. Aproximándonos a una respuesta

1.1.2. El campo de estudio de la historiografía

1.2. El material sujeto a análisis. El autor, el discurso histórico y el contexto de su producción

1.3. El análisis historiográfico y su importancia

1.4. Conclusiones

Capítulo II

Los orígenes: la historiografía de la Antigüedad

2.1. La historiografía griega

2.1.1. Los grandes maestros: Heródoto, Tucídides y Jenofonte

         2.1.2. La historiografía del periodo helenista y la transición hacia la historiografía romana

2.2. La historiografía romana

2.2.1. Formas analíticas: Fabio Píctor y Marco Porcio Catón

2.2.2. Monografías: Julio César y Cayo Salustio Crispo

2.2.3. La gran historiografía romana: de Tito Livio al singular caso de Flavio Josefo

2.3. Conclusiones

 Capítulo III

La historiografía medieval

3.1. La historiografía de transición: entre el fin del mundo antiguo y el comienzo del periodo medieval

3.1.1. La visión cristiana de la historia: Eusebio, San Agustín y Paulo Orosio

3.2. La historiografía bizantina

3.2.1. La base cronística: Juan Malalas de Antioquia, Teófanes y Zonaras

3.2.2. Los trabajos históricos: Procopio, Agatias, Constantino VII, Miguel Pselo y Ana Comneno

3.3. Historiografía de la alta Edad Media: Isidoro de Sevilla

3.4. Historiografía de la baja Edad Media

3.5. Conclusiones

 Capítulo IV

La historiografía moderna

4.1. La historiografía renacentista: Lorenzo Valla, Nicolás Maquiaavelo y Francisco Guicciardini

4.2. La historiografía clásica moderna y la perspectiva humanista: Polidoro Virgilio

4.3. La historiografía religiosa y erudita

                4.3.1 La Escuela de Magdeburgo

4.4. La historiografía indiana. Las crónicas sobre el Nuevo Mundo

4.4.1. Los diarios de viajes y las cartas de relación: Cristóbal Colón, Antonio Pigafetta y Hernán Cortés

4.4.2. Las crónicas mayores de Indias de Pedro Mártir de Anglería, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés y Antonio de Herrera y Tordesillas

4.4.3. Las crónicas elaboradas por Bartolomé de las Casas, Francisco López de Gómara, Bernal Díaz del Castillo, José de Acosta S. J., Jerónimo de Vivar, Antonio de Solís Bernardino de Sahagún y Pedro Cieza de León

4.4.4. Las crónicas de indios y mestizos andinos: Titu Cusi Yupanqui, Felipe Guamán Poma de Ayala y el Inca Garcilaso de la Vega

4.5. Conclusiones

 Capítulo V

Las luces del siglo XVIII

5.1. La erudición al servicio de la razón

5.1.1. La erudición renovada: Mabillon y Muratori

5.2. Las bases del cambio: pensamiento histórico y revisión del pasado

5.3. Los historiadores iluministas: Robertson y Gibbon. El prerromanticismo historiográfico de Schiller

5.4. Al encuentro del romanticismo: Johann von Herder y Edmund Burke

5.5. Conclusiones

 Capítulo VI

El siglo XIX y la construcción de la historia científica

6.1. Los antecedentes: reacciones contra el iluminismo e influencia de la Revolución Francesa

6.1.1. El Romanticismo

6.2. El positivismo aplicado a la historia

6.2.1. El Historicismo

6.3. La etapa de transición

6.3.1. El papel de la historiografía alemana

6.3.2. La erudición renovada. El caso de Monumenta Germaniae

6.3.3. Savigny y la Escuela Histórica

6.3.4. Niebuhr y el método crítico

6.4. La historiografía científica

6.4.1. Leopold von Ranke y la Escuela Científica

6.4.2. La Escuela Prusiana: Droyssen y Mommsen

6.4.3. Dos casos especiales: Burckhardt y Nietzsche

6.5. Entre el Positivismo Científico y el Empirismo

6.5.1. Siguiendo el desarrollo de la historiografía decimonónica

6.5.2. Historiografía francesa: Michelet, Taine, Tocqueville y Fustel de Coulanges

                6.5.2.1. La Escuela Metódica: Langlois y Seignobos

6.5.3 Historiografía inglesa: Lord Acton, Macaulay, Buckle y Carlyle

6.6. Conclusiones

Capítulo VII

La historiografía científica decimonónica

7.1 Leopold von Ranke y la Escuela Científica

7.2 La Escuela Prusiana: Droyssen, Mommsen y Sybel

7.3 Dos casos especiales: Burckhardt y Nietzsche

7.4 Entre el Positivismo Científico y el Empirismo

7.4.1 Siguiendo la tradición

7.4.2 Historiografía francesa: Michelet, Taine, Tocqueville y Fustel de Coulanges

             7.4.2.1 La Escuela Metódica de Langlois y Seignobos

7.4.3 Historiografía inglesa: Lord Acton, Macaulay, Buckle y Carlyle

7.5. Conclusiones

 Capítulo VIII

La historiografía del siglo XX

8.1 Teoría y praxis: el Marxismo y su historiografía

                8.1.1. La Escuela de Frankfurt

8.2. La historiografía progresista norteamericana

8.3. La Escuela de los Annales

             8.3.1. Los antecedentes y el debate Simiand-Seignobos

8.3.1.1. La obra de Pirenne y Berr

8.3.2. Las diferentes etapas de los Annales y su historiografía

8.4. La historiografía española

8.5. La Historia Económica

8.6. La influencia antropológica

7.6.1. La Etnohistoria

7.6.2. El Estructuralismo

8.7. Conclusiones

 Capítulo IX

Hacia el nuevo milenio

9.1. La historiografía finisecular

9.1.1. Desde la transdisciplinariedad

9.1.1.1 La génesis del hecho científico y la diversidad de métodos

9.1.1.2. Contactos sugerentes

9.1.1.2.1. La datación de las crisis de Petrie y la holística de Bateson

9.1.1.2.2. Las probabilidades en la historia

9.1.1.3. La Demografía Histórica

9.1.2. Desde la interdisciplinariedad

9.1. 2.1. Aportes de la Filosofía

9.1.2.2. El giro lingüístico y la perspectiva de la crítica textual y discursiva

9.2. Conclusiones

Capítulo X

Se dibuja una nueva historia

10.1. Una variedad de temas, criterios y tendencias

10.1. La historia social en todo su despliegue

10.1.2. La historia cuantitativa y la Cliometría. La Nueva Historia Económica

10.1.3. La historia contrafáctica o imaginada

10.1.4. La «nueva historia» total

10.1.5. La microhistoria italiana

10.1.6. La historia de las mujeres y la historiografía de género

10.1.7. La historia conceptual

10.2. Casi lo último

10.2.1. Los estudios subalternos

10.2.2. La historia inmediata

10.2 3. Historiografía de la memoria y del tiempo presente

10.3. Conclusiones

 Apéndice

Notas biográficas

Obras citadas de los autores tratados

Bibliografía

Presentación del libro 10 de noviembre de 2010

 

 

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Lo que piensan de nosotros. La Guerra del Pacífico en la historiografía y textos escolares chilenos

Parodi Revoredo, Daniel Lo que piensan de nosotros. La Guerra del Pacífico en la historiografía y textos escolares chilenos. Fondo Editorial UPC Lima: 2010


Ankersmit señaló, hace algunos años que para el historiador, hasta la revelación más íntima y “real” de un actor histórico en un texto conservado sólo es una huella o una fuente, y no un punto de contacto con el pasado mismo. Si hay un lugar en el que una parte de la realidad se resiste a ser alcanzable, es en la historia. En ninguna otra parte la relación entre el conocimiento y el objeto de este conocimiento es tan indefinida y problemática como en la práctica de la historia, y sin duda, el reconocimiento de esto presta cierta plausibilidad a priori a la tesis -actualmente escuchada con frecuencia- de que el historiador, más que “encontrar” el pasado, lo “fabrica”.

En base a la afirmación anterior se puede encarar la lectura del libro de Daniel Parodi que estamos comentando en una doble perspectiva: el análisis del discurso elaborado por el propio autor y el análisis que hace del discurso de la historiografía chilena, esencialmente, en una obra de Sergio Villalobos que expresa la tradición historiográfica decimonónica y su continuación. Vayamos entonces a lo primero.

Si dejamos hablar al autor, debe mencionarse que desde las primeras líneas de su texto Daniel Parodi da cuenta de la idea motor de su trabajo y la manera como se siente concernido con el tema objeto de su estudio: “Nos preocupa la vigencia de historias nacionales con características decimonónicas en la sociedad contemporánea y nos interesa comprender las formas que hoy adoptan las representaciones de la nación propia y las vecinas en el discurso histórico.”(pp. 17-18) Su compromiso personal con el tema y con las implicancias actuales del mismo también se manifiesta en las conclusiones con las que cierra los capítulos II y III y, sobre todo, en las reflexiones con las que finaliza el libro:
El problema que se presenta al Estado y a la sociedad chilenos como resultado de un discurso histórico oficial basado en “puntos de realidad” exitosos es que deriva en una narrativa perfeccionista que deja pocos espacios para la revisión y la autocrítica […] La cuestión se agrava cuando los imaginarios que el Estado ha vertido en la sociedad a través de la historia se construyen en oposición con aquellos que definen a los otros. Así, de las posiciones de subordinante y subordinados asignadas a los protagonistas de la Guerra del Pacífico se desprende también la dicotomía entre la sociedad superior y las inferiores (p.85).

En cuanto a lo segundo es decir, a lo que Parodi encuentra al analizar a la historiografía chilena sobre la Guerra del Pacífico, a través del trabajo de Villalobos, conviene recordar que -a partir del pensamiento de Reinhart Koselleck y Paul Ricoeur- la noción de “régimen de historicidad” permite revisar la relación que una sociedad mantiene con su pasado, su presente y su futuro. Lo que lleva a tomar en cuenta los usos del tiempo pasado. Por eso, en buena cuenta, en este libro de Parodi al estudiarse los planteamientos nucleares de la historiografía oficial chilena sobre la Guerra del Pacífico que se traslada a los manuales escolares lo que se aborda es también en el fondo, cómo la sociedad chilena se mira a sí misma y se relaciona con su pasado.

Por eso, resulta sustantivo para el análisis emprendido por Parodi establecer que en dicha historiografía están fuertemente vinculados nacionalismo, positivismo, darwinismo social y enseñanza de la historia. Debe destacarse positivamente que el autor inicie su abordaje presentando su marco teórico y definiendo los principales conceptos y categorías que va a utilizar en tanto constituyen sus herramientas interpretativas. Así, maneja nociones como alteridad con el significado y empleo que le dan Carretero, Rosa y González, pero también considera la definición operativa de otredad empleada por Catalani. Es loable no solo que haya explicitado su marco teórico sino que al hacerlo introduzca al lector a temas tan importantes como la construcción de los imaginarios, alteridades, etc.

Como hemos dicho, toma una obra de Sergio Villalobos, publicada el 2002, como referente y eje para mostrar la vigencia de los parámetros y perspectivas de la historiografía decimonónica respecto al asunto de la Guerra del Pacífico y a través de la escuela configura un imaginario exitoso sobre Chile, su pasado y futuro a costa de imágenes opuestas acerca del Perú y Bolivia.

Se refiere Parodi más de una vez a “la judicialización del pasado” en el sentido que le daba Bloch es decir, cuando la función de la historia atraviesa los límites de la ejemplaridad para interpretar al pasado con el propósito de justificarlo y delinear el futuro de una nación en base al criterio de culpabilidad de los actores. De cualquier manera sería bueno considerar que la idea de judialización del pasado o los historiadores convertidos en los jueces del valle de Josafat que están obligados a repartir premios y castigos o, al menos, señalar culpables, planteada por Bloch ha adquirido hoy un sentido diferente ya que judicializar el pasado tiene ahora que ver con el uso de la memoria y de la historia para denunciar situaciones qué, eventualmente, puedan ser llevadas a los tribunales cuando más bien, lo que corresponde a nuestra disciplina es que lo que se ventile en los tribunales y su resultado puedan convertirse en fuentes o material del historiador.

También quiero comentar otra cuestión y es el manejo que hace Parodi de “otros cercanos” para referirse a la vecindad de los tres países Chile, Bolivia y Perú y la manera como, el primero de los nombrados, se configura respecto a los otros dos. Pero en tanto muestra que Perú y Bolivia aparecen retratados de manera negativa y culpabilizados, creo que correspondería hablar más bien de su conversión en “otros lejanos” dada la dicotomía que plantean las imágenes expresadas por la historiografía chilena.

Hay asuntos que podrían pasar desapercibidos si nuestra lectura del trabajo se concentra en lo capital del libro pero que creo merecen mencionarse ya que Parodi las ha tomado en cuenta. Por ejemplo, que Villalobos adjudica al Estado y pueblo chilenos la independencia peruana a través de la acción de O’ Higgins. En ese caso estaríamos hablando de que el historiador chileno habría aplicado o retomado el criterio de independencia concedida que se discutió en las décadas de 1960 y 1970 y que no fue aceptado por la mayor parte de la historiografía peruana.

Lo que piensan de nosotros. La Guerra del Pacífico en la historiografía y textos escolares chilenos es un enjundioso e interesante libro cuyo tema abarca bastante más que el habitual análisis historiográfico. Es un trabajo en el que los asuntos de historia, memoria, imaginarios, historia oficial y su enseñanza están presentes de manera evidente.
Liliana Regalado de Hurtado
Lima, 30 de noviembre de 2010

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La catástrofe demográfica andina

 

Noble David CookLa catástrofe demográfica andina. Perú 1520-1620 Lima: Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú, Colección Estudios Andinos. Traducción de Javier Flores Espinoza 416 pp.

Noble David Cook La catástrofe demográfica andina. Perú 1520-1620 Lima: Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú, Colección Estudios Andinos. Traducción de Javier Flores Espinoza 416 pp.

Puede decirse que la demografía histórica inicialmente fue considerada como una suerte de subgénero de los estudios de historia social y económica aunque poco a poco fue logrando diferenciarse y adquirir personería propia. Un campo al que ingresaban quienes, familiarizados con las matemáticas, las estadísticas y los censos, se preocupaban por los temas de población por razones de interés en asuntos sociales más amplios o en aquellos más bien propios de la economía o la sociología, en cuyo caso se les concedía perspectiva histórica.

Aproximadamente a partir de 1940 los importantes y pioneros trabajos de la llamada Escuela de California o Escuela de Berkeley que se hicieron más numerosos en las décadas siguientes gracias a Woodrow Borah y Sherburne F. Cook, lo mismo que a Angel Rosenblat y Nicolás Sánchez Albornoz, permitieron ir advirtiendo que la historia demográfica, especialmente aplicada al caso de Hispanoamérica, servía para develar, siguiendo métodos o modelos propios, asuntos tan importantes como el impacto de la colonización, pero también el mestizaje y los patrones de migración aborigen. En efecto, la demografía histórica viene acentuando su tratamiento de asuntos relacionados no solo con movimientos migratorios, crecimiento o caída poblacional y fecundidad, natalidad o mortalidad, sino también con los patrones de la conducta social en el pasado. Como sabemos, en base a series documentales la demografía histórica se ocupa no solo de cálculos de población en el pasado sino también de la relación de la densidad poblacional y sus cambios con los marcos geográficos, medio-ambientales, políticos e institucionales de ahí que asuntos como el divorcio, formas de asentamiento, salubridad, medicina e incidencia de las enfermedades relacionadas con diversos aspectos de la sociedad, como por ejemplo la economía y la salud, entre otros, hacen de la demografía histórica un género que no es solo descriptivo o que se agota en meras cifras. En medio de este panorama, los libros y artículos de Noble David Cook sobre la demografía en Hispanoamérica y su detenido análisis del caso peruano constituyen a estas alturas obras clásicas en la materia.

Como acabamos de adelantar a pesar de que los trabajos de demografía histórica tienen valor por sí mismos en el propósito de acercarnos al conocimiento del pasado, sus cultores están cada vez más interesados en relacionar sus estimaciones con las instituciones, los valores y los comportamientos de diversos grupos que forman parte del todo social. Ejemplo de ello es el trabajo de David Cook y Alexandra Parma Un caso de bigamia transatlántica (Madrid 1992). Además, quienes trabajan historia social y económica no solo emplean los resultados alcanzados por la demografía histórica sino discuten esos logros, sus procedimientos y presupuestos teóricos.

Ha pasado un cuarto de siglo desde que se publicara en su versión original en inglés el libro que hoy presentamos y, a pesar de que ya en ese momento se podía considerar una obra completa y fundamental en la materia, los cambios que ofrece en esta su versión en español, no solo obedecen a que al amplio dominio del autor sobre la materia se suma un ejercicio de autorreflexión sobre la obra realizada sino también al hecho conocido de que la investigación de un asunto, en realidad nunca cesa y que nuestra mirada al pasado también se renueva a través de la conocida visión de paralaje puesto que nuestro punto de observación va variando. Bastará señalar al respecto -en palabras del propio David Cook- la forma cómo ha revisado la propia obra que ahora pone en nuestras manos: «Aquí, en la introducción a la primera edición en español, deseo resumir la tesis del libro, evaluar la naturaleza y el significado de las críticas recibidas, presentar algunas sugerencias modestas para futuras investigaciones y, por último incluir una lista de los trabajos publicados sobre el tema después de 1981» (p. 15).

Para captar en toda su dimensión el aporte de David Cook a la demografía histórica de los Andes, particularmente el espacio que comprendió primero el dominio incaico y luego el virreinato peruano, es muy importante observar cómo articula los diversos asuntos que contempla en La catástrofe demográfica andina.

En primer lugar, basándose en evidencias y tras una evaluación de diversos modelos o instrumentos de estimación demográfica David Cook considera que la población indígena del Perú -al momento de iniciarse los contactos con Europa -como mínimo habría alcanzado los 4 millones de habitantes en la costa, sierra y oriente peruanos pero se inclina a pensar que hacia 1520 la población andina en el entonces Perú prehispánico habría sido de 9 millones de habitantes. Deja entonces establecido que la conocida catástrofe demográfica por efectos de la conquista y colonización llevada a cabo por los españoles debe describirse como una abrupta caída a poco más de un millón cincuenta años después de iniciada la conquista de los Andes hasta rondar los 600 mil hacia 1620 habiendo evidencias para considerar un colapso total en la costa.

Lo que sigue entonces es su estudio sobre la catástrofe demográfica es decir no solo la pormenorización de los estimados que lo llevan a plantear las cifras que se acaban de mencionar sino la explicación misma del proceso de contracción demográfica. Aquí se advierte, todavía con mayor nitidez, que su historia demográfica es una historia social ya que el propio autor nos dice:«Mi objetivo es impartir al lector no solo un concepto de la experiencia demográfica de un pueblo en una coyuntura crítica de su historia, sino también una comprensión de la dinámica del cambio» (p. 171) y lo hace desde la costa norte, el punto desde donde se inició la ocupación española de los Andes.

El estudio y parte de los criterios para el análisis que lleva a cabo se expresan en los títulos de los capítulos que muestran la evidente intención explicativa del proceso demográfico durante el primer siglo del proceso colonial y entonces se referirá al primer contacto: la costa norte, el centro del control hispano: la costa central, enfermedades, terremotos y sequías: la costa sur; asimismo, el área intermedia: la sierra norte, minería y población en la sierra central y, finalmente, cuna indígena: la sierra sur.

El proceso demográfico es descrito como colapso en la franja costera y en la zona de baja altura de la sierra norte. Esa catástrofe demográfica no fue pareja ya que por ejemplo, una provisión confiable de agua y una base económica sólida habrían favorecido el mantenimiento de la población en algunos puntos como en el área de Lambayeque. En la sierra la disminución también fue selectiva de manera tal que por ejemplo, en las zonas de las fronteras serranas con la región de la selva la disminución de la población fue rápida porque las condiciones de baja altura y alta humedad favorecieron la incidencia de enfermedades como la viruela, sarampión y gripe que se daban también en otros lugares pero que se sumaban a aquellas otras de también rápida propagación como la fiebre amarilla gracias a los mosquitos (pp.312-313). Es sumamente importante tomar en cuenta que, en sus conclusiones, David Cook plantea que en la sierra, propiamente dicha, se produjo una espiral descendente pero en forma menos pronunciada durante la época estudiada lo que permitió que durante ese momento crucial todavía hubiera concentración de población nativa en la sierra central y meridional lo que explicaría, usando la variable demográfica, por qué «La presencia de grandes poblaciones permitió a los indios de la sierra conservar instituciones sociales y económicas mucho después de que ellas se hubiesen perdido en la costa y el extremo norte » (p. 311).

De todas maneras, considera los procesos de migraciones internas de los pobladores indígenas, sus causas y consecuencias en este segundo aspecto da cuenta de la disminución de los nacimientos y el debilitamiento de los patrones tradicionales de parentesco lo que formó parte del nuevo panorama social. Al detallar la crisis demográfica y los factores que la produjeron el autor presta especial atención a las epidemias y las condiciones que marcaran su gran incidencia entre los nativos. Es interesante su llamado de atención acerca de que tras los periodos endémicos se elevaba la natalidad de lo que se desaprende un presupuesto muy importante como es considerar al proceso de colapso demográfico como un fenómeno complejo que contiene, a pesar de la tendencia continua de declive, pequeños ciclos de crecimiento.

Finalmente, es muy destacable que en esta edición se muestren junto a una bibliografía actualizada una breve pero sustanciosa compulsa de fuentes así como el apéndice con datos extraídos de las mismas y adecuadamente sistematizados. Si solo consideráramos estas últimas secciones del libro y las uniéramos al prefacio a la edición en español y a la titulada Introducción: el problema en perspectiva tendríamos un manual para trabajar demografía histórica andina útil para los investigadores y evidentemente para la formación de las nuevas generaciones de historiadores. Más allá de las cifras y los cálculos, este libro de David Cook es una historia de la población andina en perspectiva de mediana duración (del periodo prehispánico hasta la instalación del dominio colonial y su régimen virreinal) y de cambio, es decir que su estudio forma parte indispensable de todo estudio acerca del proceso de cambio vivido por los hombres y mujeres andinos durante el primer siglo de la presencia española en los Andes. Su estudio si bien le permite llegar a conclusiones generales surge de análisis pormenorizados o específicos que le permiten distinguir entre el colapso total y la catástrofe o el crecimiento en medio de la contracción poblacional. Por lo tanto, La catástrofe demográfica andina. Perú 1520-1620 en su conjunto resulta, en realidad, una ventura historiográfica.

 

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Domesticar la memoria: negar, asumir o soportar el pasado

Existe diferencia entre memoria individual o colectiva y memoria histórica ya que esta última suele ser la elaborada conforme a un método por los historiadores para y tarde o temprano constituirse en “memoria oficial” o institucionalizada que se manifiesta, por ejemplo, en las conmemoraciones y las efemérides. Los diversos tipos de memoria servirán a los individuos y los grupos entre otras cosas para la construcción de sus imaginarios y representaciones de la realidad, lo mismo que para organizar los horizontes que marcan la idea de futuro de una colectividad. En lo que respecta a la memoria histórica es indudable que algunas de sus mayores contribuciones tienen que ver con la construcción de una identidad personal o colectiva, sustentar un orden establecido o contribuir a modificarlo gracias a un conocimiento del pasado surgido de un riguroso manejo de los testimonios y de un análisis, también sólido, que facilite niveles razonables de explicación. La utilización que hacemos del conocimiento del pasado determina nuestra posición en el presente pero también en el futuro; vale decir que recordamos y contamos historias no solo para el presente sino con perspectiva de futuro.

Recordar, hacer memoria de manera simple o producir conocimiento del pasado (historiar) adquiere siempre connotaciones de orden moral y tiene repercusión social y política lo que remite a un asunto central en la hora actual y de importancia capital en adelante: cómo entender o que alcance dar al conocimiento que la Comisión de la Verdad y Reconciliación nos procuró acerca de nuestro pasado reciente y también de qué forma deberíamos comprender su segundo objetivo, la “reconciliación”. La búsqueda de la verdad es siempre un asunto complejo que exige considerar asuntos como qué cosa es la verdad y la objetividad, de qué manera se conforma la memoria individual y colectiva, cómo deben manejarse los testimonios, entre otras.  Estos asuntos siguen produciendo debates entre los peruanos, estableciendo falsas dicotomías, etiquetando conductas y pensamientos, etc.

Pero lo cierto es que, para el caso en cuestión, se trata de definir si los peruanos, a pesar de las evidencias y el conocimiento sobre los hechos producidos, vamos a intentar negar o evadir dicha verdad. Ello resultaría francamente irracional y carente de toda lógica por ser antihistórica. En su defecto, ¿trataremos simplemente de soportar el pasado?, esa postura sería igualmente torpe y negativa puesto que un  manejo tal del pasado constituiría permanentemente una carga insoportable que en nada contribuirá a la constitución de nuestra identidad individual y colectiva manteniendo prejuicios, injusticias, marginaciones de todo tipo, conservando y acrecentando errores. Asumir en cambio dicho pasado, por más difícil y doloroso que nos resulte, permitirá ir configurando una memoria histórica cabal sobre lo sucedido en el país en las últimas décadas que nos permita diseñar con prontitud y acierto el manejo de las consecuencias que sucesos tan terribles y complejos han ocasionado a todos; estaremos en capacidad de entregar a las siguientes generaciones una historia que no se convierta para ellas en una carga a soportar sino una experiencia histórica para ser empleada de manera fructífera.

Ello remite naturalmente al asunto de la reconciliación que ha sido el otro encargo importante que se dio a la mencionada Comisión y que por cierto en su momento y hasta ahora, da lugar a ácidas y confusas opiniones. ¿Cómo podría entenderse para este caso el concepto de reconciliación?. Creo que supone hacer inteligibles las contradicciones que puedan existir entre las distintas memorias que hasta ahora han configurado, diferentes personas, grupos o instituciones. Significa, sobre todo, hacer verosímiles hechos que por su brutalidad irracional puedan resultar increíbles y que por esa causa podrían prontamente ser dejados de lado en la memoria de quienes no los vivieron en carne propia, o que puedan ser negados, tal vez considerados justificables o tenidos simplemente como fortuitos, llegando incluso a confundir y crear injustificados sentimientos de culpa entre quienes los padecieron. Reconciliación supone que las víctimas (que son de distinto tipo) vuelvan a recuperar sus nombres o sus circunstancias, porque escuchamos y comprendimos sus testimonios o los de sus deudos, porque conocimos sus padecimientos y dolor o su duelo pudo ser expresado y compartido. Significa que como sociedad les dimos inclusive a los victimarios la posibilidad de reconciliarse con la verdad, si son capaces de hacerlo,  conociendo de manera cabal el daño que ocasionaron no solo a quienes hicieron mal directamente sino a sí mismos y al país en su conjunto.

Memoria, ejemplar es aquella que permite la relación de los hechos y una analogía universal sin que por ello se pierda la identidad de los acontecimientos, debido a que la memoria colectiva está constituida por los recuerdos que una comunidad tiene de su propia historia lo mismo que por las lecciones y aprendizajes (modificados frecuentemente por las necesidades del presente) que de manera más o menos conscientemente, extrae de la misma. Al recuerdo de los acontecimientos se suman los valores y sentimientos asociados a su evocación. Memoria individual y colectiva coexisten, se influyen mutuamente debido a que acerca de un mismo hecho algunos sujetos poseerán una memoria directa o autobiográfica  mientras que el resto tendrá una memoria heredada o transmitida del mismo. Corresponde a ambos no negarse a tener dichos recuerdos, no intentar ocultar el conocimiento de su pasado y, por el contrario, asumirlo pues, de lo contrario, la experiencia histórica se trivializará, es decir que el pasado resultará improductivo o inútil. La historia y la memoria se preocupan precisamente por “reconocer” el pasado a fin de poder “aceptarlo o rechazarlo” con todo conocimiento de causa, es decir asumiendo que tales hechos se produjeron y rechazando (no su conocimiento) sino la imposibilidad de impedir que los errores se repitan sin que lo sepamos. Utilizamos de forma fructífera el pasado cuando asumimos que heredar también significa transformar y que la memoria histórica puede operar como un principio para la acción además de tener una función liberadora. Ello significará, en el caso de experiencias traumáticas, que se podrá neutralizar el dolor causado por el recuerdo y además la memoria se abrirá a la analogía y a la generalización lo que permitirá extraer ejemplos y lecciones, luchar contra los actos injustos del presente por ejemplo y, por consiguiente, desprenderse del yo para ir hacia el otro. En términos colectivos puede afirmarse que existe una responsabilidad social que obliga a los pueblos a recordar y a hacer historia y, en consecuencia, nada debe impedir la recuperación de la memoria. En tal sentido Todorov indicaba, por ejemplo, lo siguiente en torno a la historia de la Shoa: “Cuando los acontecimientos vividos por el individuo o por el grupo son de naturaleza excepcional o trágica, tal derecho se convierte en un deber; el de acordarse, el de testimoniar […] el memorial recupera, con una sencillez consternadora, los nombres propios, las fechas de nacimiento y las de partida a los campos de exterminio [se refiere obviamente al genocidio perpetrado contra los judíos]. Así restablece a los desaparecidos en su dignidad humana. La vida ha sucumbido ante la muerte, pero la memoria sale victoriosa en su combate contra la nada”.

Ese fue, en nuestra opinión, el meollo del encargo que los peruanos, por intermedio del gobierno le señalamos a la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Más allá de ella y de sus tareas puntuales todos hemos adquirido responsabilidad: en lo que concierna al sentido liberador y transformador que le demos a esos hechos ocurridos en nuestra patria porque justamente nos conmueven, avergüenzan y nos producen desazón, cuestionan nuestro sentido de justicia y equidad porque afectaron nuestra dignidad.

La construcción de un Museo de la Memoria, nombrado recientemente Lugar de la Memoria, cuya primera piedra se ha puesto hoy jueves 4 de noviembre de 2010 nos llevan a agregar a nuestra reflexión una idea más: “domesticar” nuestros recuerdos (siempre plagados de sentimientos, símbolos e ideologías) deberá significat que, por ejemplo, el futuro museo monte sus muestras sobre el criterio de “una verdad dialógica o dialogada” de manera tal que todos los actores sientan que se reflejan sus experiencias, aun cuando ellas sean vistas por ellos como eventualmente confrontadas.

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Sobre los “Lugares de la memoria”

¿QUÉ SON LOS LUGARES DE LA MEMORIA?

Si además de considerar a la historiografía como una práctica cultural se toma en cuenta el vínculo que entablará a la postre con la opinión pública, resulta interesante tomar en cuenta la noción lugares de la memoria señalada por el historiador francés Pierre Nora.

Sobre la expresión “lugares de la memoria” (lieux de mémoire) hay que seguir  la explicación que nos proporciona su propio mentor cuando, en primer lugar, nos recuerda que este neologismo viene del latín, de la tradición de la retórica antigua, de Cicerón y de Quintiliano, quienes aconsejaban asociar, para fijar el orden del discurso, una idea a un lugar. Es decir, establecer un locus memoriae. Señala, asimismo, que en nuestra época, la expresión apareció a fines de los años setenta en Francia a partir de un sentimiento de pérdida de una historia –memoria es decir, de un contexto de la memoria en el que la Historia había sido la principal formadora de la conciencia nacional. Dicho sentimiento de pérdida surgió porque se hizo patente que un inmenso capital de memoria colectiva un stock de memoria histórica vivido al calor de la tradición caía en la nada para no revivir más que a través de una historia científica y reconstitutiva.

Un lugar de la memoria es un conjunto conformado por una realidad histórica y otra simbólica. Según Nora, cuando un personaje, un lugar o un hecho es constituido como lugar de la memoria  es que se está desentrañando su verdad simbólica más allá de su realidad histórica. Se trata de constituir un conjunto simbólico y advertir la lógica que las reúne. Por ejemplo, los Lugares de la memoria de la nación francesa se plasman a decir del propio Nora en: lo inmaterial, la herencia de larga duración; lo material que comprende el territorio con sus fronteras, el patrimonio y los hombres y, finalmente lo ideal, las ideas fuerza. Pero Pollak agrega que esos diferentes puntos de referencia son indicadores empíricos de memoria colectiva de un determinado grupo, una memoria estructurada con sus jerarquías y clasificaciones.

Nora ha aclarado que los llamados lugares de la memoria no se reducen a monumentos o acontecimientos memorables; a objetos puramente materiales, físicos, palpables y visibles que generalmente son utilizados por los poderes públicos. Especifica que “lugar de la memoria” es una noción abstracta, puramente simbólica, destinada a desentrañar la dimensión rememoradora de los objetos que pueden ser materiales pero sobre todo inmateriales. En consecuencia, un lugar de la memoria no comprende un inventario exhaustivo ni tiene alcance enciclopédico, tampoco es una simple referencia.

Puede leerse más sobre el tema en  Regalado de Hurtado, Liliana Clío y Mnemósine. Estudios sobre historia, memoria e historia del tiempo presente. Lima: Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú; Fondo Editorial Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2007

Véase entrevista a Nora en: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=788817

 

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¿Por qué Historia y Memoria?

Historia y memoria están indisolublemente unidas, tan es así, que dicho vínculo fue explicado en la Antigüedad clásica por el mito de Clío y Mnemósine: madre e hija y, a la vez, historia y memoria respectivamente.

El asunto de la memoria y el olvido en vinculación a la historia fue abordado por Nietzsche cuando en De la utilidad y de los inconvenientes de los estudios históricos para la vida, sostiene que el hombre necesita de la historia para vivir y obrar analizando la dinámica de la memoria y el olvido. Partió de la observación de que lo que diferencia al hombre del animal es que recuerda demasiado bien pues vive con la conciencia permanente del paso del tiempo. Vive angustiado consigo mismo porque ese pasado le trae la imagen de cosas hechas que no pueden ser modificadas. Por eso es bueno recordar un poco y también olvidar un poco. El hombre se ubica entre la contradicción de la memoria y el olvido pero lo importante es que tiene historia porque tiene memoria.

Vivimos una época marcada por la abundancia de información y la necesidad casi insaciable de comunicación. En ese contexto, se mira al pasado, entre otras cosas, para  procurar conocerlo y así intentar explicar las situaciones del presente y delinear el futuro pero, al mismo tiempo, se pretende conservar cada vez mejor la memoria de las experiencias vividas y conceder a esos recuerdos el crédito suficiente -incluso al punto de que sustituyan a los relatos históricos- bajo la premisa de que debería tener más peso, en relación al recuento del pasado, lo vivido o experimentado frente a lo conocido o aprehendido intelectualmente.  

Sin embargo, debe tomarse en consideración que en la sociedad actual, si bien se ha producido una creciente revalorización de la memoria individual e histórica y, en consecuencia, la reprobación del olvido, no es menos cierto que –como lo recuerda Todorov- la abundancia de información disponible conlleva el peligro de la vanalización de la memoria [1]

En consecuencia, dentro de un conjunto más grande de consideraciones, las mencionadas en los párrafos anteriores nos llevan a sostener que tanto los historiadores, como el resto de la población, tenemos la necesidad y la urgencia de reflexionar acerca de la manera cómo miramos al pasado, elaboramos relatos que pretenden dar cuenta de él y además, por qué y para qué.

LR

Lima, 4 noviembre de 2010

Recomiendo:

PNEUMATIKO. COM

Magnífico espacio de conocimiento y debate sobre asuntos teológicos.  Tiene una sección llamada Conciencia histórica bastante interesante. Su autor Juan Dejo S.J es historiador y esa impronta se percibe claramente.

http://www.facebook.com/l/5c3d6Zy1CABMQhgYRdcv1vZxCdA;www.pneumatiko.com

HISTORIA GLOBAL ONLINE

Del historiador José Ragas. Muy buen blog por la variedad de temas que ofrece y que es  actualizado permanentemente. Ofrece vínculos  a páginas sobre temas de historia y eventualmente, memoria.

http://www.facebook.com/pages/Historia-Global-Online/139347036085781#!/pages/Historia-Global-Online/139347036085781?v=wall

[1] Todorov, Tzvetan Los abusos de la memoria Paidos Asterisco. Barcelona: 2000. Traducción de Miguel Salazar pp. 14-15

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